martes, noviembre 28, 2006

ANOCHE EN EL SOFÁ

Es curiosa la manera en la que nos ubicamos temporal y espacialmente en un sueño sin siquiera tener un referente. Solo la sensación de familiaridad nos da las pistas.

UN SUEÑO
Una vibora del color de la ceniza trepa zigzagueando sobre mi cuerpo mientras tios y primos charlan en la casa de mis abuelos maternos. Nadie, a excepción mía, ha visto el bicho que tengo encima. La víbora se acerca a mi cara, por protegerme pongo la mano derecha. Un mordizco en la muñeca y el animal desaparece. La desesperación empieza a invadirme, pido ayuda y solo mi padre parece escucharme. Quedo indignado al escucharle decir a ese señor - no se preocupe, eso no pasará nada -. Al terminar de pronunciar esas palabras, el tejido de mi mano y antebrazo ya están descomponiendose. Alcanzo a ver los huesos. No siento dolor, solo miedo. La sensación de abandono concluye al desprenderse la mano, cayendo al suelo.

DOS SUEÑOS
Ocurre en Pasto, ciudad de los volcanes. Paseo con alguien, sé que es mujer pero no recuerdo su identidad. Adelante a unos cuantos metros, mi madre ve las vitrinas de un almacén. El día es color ocre y el cielo rojizo. Un presentimiento me hace pensar que va a temblar. El miedo es tanto que efectivamente las cuerdas de la electricidad se comienzan a contonear de un lado para otro, los autos se detienen y los pastusos corren despavoridos. -A la calle, no debajo de los postes- le digo a la mujer que me acompaña. Estando en la mitad de una avenida recuerdo que mi madre también viene. Cuando la encuentro con la vista, un poste de electricidad le está cayendo. La vi morir; yo lo provoqué.

1 comentario:

Lolita dijo...

La realidad onírica siempre suele ser muy confusa, y si no poseemos el talento de ciertos personajes bíblicos para interpretar los sueños, probablemente quedemos confundidos para siempre. Yo sueño con culebras muy seguido.

Te recomiendo las películas de Luis Buñuel, el tipo exploró bastante el asunto