jueves, diciembre 14, 2006

“Obedezca! Si no te van a comer, te van a tocar la pierna como una flauta”
Proverbio Uitoto.

Navegando por Internet, como usualmente lo hago cuando no hay mucho que hacer, encontré un dato de aquellos que no dejan dormir por más píldoras tomadas o porros fumados. En una página de curiosidades decía que actualmente están viviendo el planeta más del 10% de la población humana que han vivido en toda la historia, desde su aparición como especie “superior”. Más de la décima parte de lo que ha ocurrido en el mundo está pasando hoy y un décimo de las mujeres y hombres lo estamos presenciando.
Cuando cerré la ventana del explorador de Internet, salió de las glándulas salivales una buena dosis de baba que cayó sobre el teclado; manchando desde la tecla ctrl hasta la ceta. Mi incredulidad aun continúa sobre las proporciones de esta cifra. ¿Cuáles son las implicaciones de compartir con más de seis mil millones de personas un solo suelo, un solo cielo, la mima luna, el mismo sol, cada mar, el aire? Es mucha gente, un diluvio de historias que contar con tan poco tiempo. No existe siquiera el tiempo para contar nuestra propia historia. Difícilmente logramos entender el universo que significa uno, entender la totalidad es tarea divina.
La mayoría de las cosas contenidas en la Web sobran, por no decir que son basura; reflejo del natural mal uso que damos a las herramientas; pero al corroborar este número podré asegurar mi miedo a cerca el futuro.
Para lograr mi desarrollo como “persona” consumo, es lo que creo, demasiados recursos naturales, humanos y capitales. Aire para realizar el proceso natural de oxidación que mis células necesitan, alimento cocinado y variado al menos dos veces por día, agua suficiente para beber y asearme, cantidades elevadas de energía eléctrica para poder trabajar y distraerme, ropa en relativo buen estado, etcétera y otros tantos etcéteras que al multiplicarlos por seis mil millones de personas que necesitan los mismos recursos, daría un total de devastación absoluta de los bienes que la naturaleza nos presta.
¿Qué queda por hacer sino comernos los unos a los otros en el momento de la hambruna tal como ocurrió en el sitio de Leningrado durante la primera guerra mundial o con los jugadores uruguayos de rugby en la década de los setenta, o como cientos de vestigios indican que el canibalismo ha sido la última solución al problema del hambre en todos los tiempos, alrededor del mundo?
Pero más allá de un acto de hambruna, la antropofagia abordada como un evento simbólico es la absorción de otro ser similar, del inferior o del enemigo. Adquirimos la esencia del devorado en cuerpo y alma; de este modo el sufrimiento no se considera solo terrenal; traspasa los valores físicos hacia el propio ser.


Texto sin conclusión.

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