jueves, enero 13, 2011

Existen varios actores en el interior del yo

1. El primero de los actores que habita este cuerpo, antes de dormir, se concentra para levantarse temprano al día siguiente, para empazar el día con el pié derecho, con tanta energía como para conquistar el mundo. Este actor programa todas las funciones del organismo para despertar a las siete de la mañana, salir a trotar, sentarse en la mesa de trabajo, cumplir con los pequeños deberes postergables como responder ese correo que quedó pendiente, remplazar el bombillo fundido, visitar aquel museo por el que pasas todos los días pero nunca entraste. Este actor cumple su función porque te despiertas a las siete de la mañana, pero lamentablemente entra en juego el segundo actor.

2. Al despertar, el segundo actor entra a la escena y todo se va al cuerno. El cuerpo se resiste a obedecer, el deseo de triunfo sucumbe ante el peso de la arena del sueño y el segundo actor se dice a sí mismo "Qué más dá!, existe otro mañana". Ese es el mismo actor que deja el vaso de leche junto al plato sucio de huevo y arroz en el lavaplatos por la noche pensando que mágicamente aparecerá limpio al día siguiente. Este segundo actor es el mismo actor que prefiere verse otro capítulo de una serie cualquiera a terminar este párrafo.

3. Boztezando, después de muchas horas extras de sueño más de lo programado, frente al espejo del baño, con los ojos aún rojos e hinchados, el tercer actor reconoce dos cosas: A. que la pereza del segundo actor es superior y B. que defraudó los ideales del primer actor. Se reprocha constantemente de lo que hubiera podido haber logrado en el tiempo que dejó pasar, critica su improductividad, la decadencia de sus propios frutraciones, la imposibilidad de sus sueños y la flacidez de sus pectorales. Se ve a los ojos y siente pena.

4. Cepillarse los dientes, tomar una ducha fría y prepararse para encarar a los otros es lo que hace el cuarto actor cuando entre en escena. Ya no importa dejarse caer, ya no importa triunfar, ya no hay espacio para arrepentimientos; ahora este "yo", el cuarto yo, actúa como un individuo cívico que debe responder a los parámetros de su sociedad y con ello cumple su cometido. En este caso, el ser actualizado que demuesta tranquilidad y razón sobre el rol de una vida controlada, es quien saca la cara ante el mundo. Oigan todos!, acá estoy y esto es lo que aparento. Lo que ven de mi es quizá menos de la cuarta parte.

Omar Alejandro Sánchez Rico, ese es mi nombre desde hace mucho tiempo y sin embargo yo nunca me dirijo a mí mismo como Omar. Yo no me tengo nombres ni apellidos. Los nombres son expresiones codificadas que se designan a elementos externos de la conciencia, que por sus particularidades necesitan ser diferenciados de otros elementos de la misma clase. Para los demás yo soy Omar, pues los otros necesitan reconocerme. Para mi, solo estoy yo, el único de mi clase.

Está científicamente comprobado que la palabra favorita de todas las personas es su propio nombre. Sí quieres agradarle a una persona, llámala varias veces por su propio nombre.

No hay comentarios: